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miércoles, 4 de enero de 2012

Años van...Años vienen

Se nos acaba de ir el 2011, un año bastante raro en lo personal, como familia tuvimos que afrontar varios problemas que son indirectos hacia mi, pero que de una u otra manera me afectaron, sin duda fue un año bastante extraño, entre tanto problemas tuve una gran noticia, sería mamá por segunda vez, por lo que fue un año realmente inolvidable.

Resumiendo el 2011, puedo decir que lo viví embarazada, y mi experiencia fue totalmente distinta a la primera, con muchas molestias, nada del otro mundo, pero que a la larga me hicieron sentir muy incomoda al punto de sentirme culpable de no querer estar más embarazada, sentí que no lo disfrute un 100% y eso me daba mucha pena. Volví a vivir el estres de la maternidad a dormir poco, a cambiar pañales, amamantar. Muchos cambios que me costaron asimilar, al igual que los cambios que sufrió mi cuerpo, tengo cicatrices de mi Tomás, entre ellas las horribles estrías y un sobrepeso considerable, lo que hace que me sienta fea, poco atractiva y con depre, ya que aparte de mamá también soy esposa, pero lo principal lo tengo, mi hijo Tomás está creciendo sano y fuerte, para lo otro tendré que colocarme las pilas y recuperar mi cuerpo, que tampoco era  perfecto antes de embarazarme.

El 2012 ya esta aquí, y sólo deseo el común de los mortales: que sea mucho mejor que el que ya se fue, tener la salud necesaria para cuidar a mis dos pequeños, tener mi corazoncito contento y lleno de amor, estabilidad laboral y económica, pero por sobre todas las cosas que mis hijos sean felices y nunca les pase nada. Como familia tenemos planes y proyectos que ojala se puedan concretar, y si no resulta no nos importará, por lo menos haremos el intento y eso es lo que al final cuenta.

 


lunes, 5 de diciembre de 2011

Ser mamá de dos


Hace un mes y medio que mi tarea como madre se multiplico por dos, los primeros días no fueron sencillos, cuando llegué a la casa después de estar 4 días en la clínica donde a uno la atienden como reina, sentí pánico, me vi sola con dos niños que dependían 100% de mi y  entre las molestias del post-parto, el volver a amamantar, realizar los quehaceres del hogar, el mundo se me vino encima y colapse,  mis emociones estaban a flor de piel, mi hijo o mi marido me hablaban y lloraba sin razón, sentí que llevaba una mochila muy pesada y que no tendría la fuerza y capacidad para cargarla.

Mi gran temor con la llegada de Tomás era volver al principio en el cuidado de un recién nacido. Habían pasado más de tres años de mi experiencia con la lactancia, olvidando lo difícil, agotador y doloroso que es, me costo acostumbrarme nuevamente a la libre demanda, a los pechos agrietados, a la incertidumbre si te bajaría la leche y si esta era la suficiente para que tu hijo estuviera bien alimentado, a despertarse en las noches cuando uno tiene más sueño y lo único que quiere es seguir durmiendo, al cambio de pañales constante, y todas esas cosas que sólo las mamás conocemos.


Los celos era otro tema que me preocupaba, el como Agustín iba a tomar la llegada del nuevo niño, gracias a Dios él se ha portado mejor de lo esperado, de ser el único paso a compartir el cariño de sus padres con otra personita, lo ha aceptado e incluso me ayuda con ciertas cosas, no es siempre, pero algo es algo, hay días en que de verdad me supera y pierdo fácilmente la paciencia, y él se desquita con su hermanito diciendo que no lo quiere , pero lo bueno es que sólo son días y no es algo permanente. 


La verdad de las cosas es que estoy cansada, agotada, con todos los quehaceres siento  que me faltan horas para hacer todo lo que necesito, es difícil compatiblizar las tareas con el tiempo que le tienes que otorgar a tu hijo en la alimentación, Tomás esta todo el día pegado al pecho y eso cansa, a eso sumemosle las horas de sueño que me faltan , desde los 6 meses de embarazo que no duermo bien, por lo que Morfeo está al debe conmigo.



No ha sido fácil pero tampoco imposible, hoy mi mirada es distinta, la pena ya ha pasado y el miedo que sentí  fue desapareciendo de a poco, me di cuenta que si soy capaz de cuidar a mis dos niños y ser mamá a tiempo completo, por lo menos hasta que termine mi Post-Natal.

lunes, 1 de agosto de 2011

Amigos Imaginarios


De un tiempo a esta parte, Agustín habla sólo o me dice que ve Dinosaurios en el patio de la casa que lo saludan, incluso me dice “Saluda Mamá”, obviamente le sigo el juego, todo indica que tiene Amigos Imaginarios, respecto a los últimos lo atribuimos a su gusto por el programa Dino Dan del Discovery Kids, pero en varias ocasiones me cuenta de otros amigos Min, Din, Sim, siempre les cambia el nombre y curiosamente siempre el nombre es sólo de tres letras, raro ¿verdad?,  con ellos  juega, se divierte e incluso tiene sus peleas, varias veces me cuenta que le pegan, otras veces habla con sus autos muy concentrado, como si fueran niños de carne y hueso que están al lado de él y yo le pregunto ¿qué dijiste? Y él me responde muy serio “Es un juego Mamá!!”  y me mira como diciendo: pucha me interrumpes, por lo que debo hacer mis preguntas muy cuidadosamente.

He estado leyendo en la web respecto al tema y las opiniones son bastante diversas, unos dicen que es Normal, otros que es la carencia de algo, pero la mayoría de los artículos dicen que es bueno que tengan amigos de este tipo, que no es extraño que les pase a niños entre los 2 y 5 años, por lo que no debiera preocuparme demasiado.

La verdad de las cosas es que no sé qué creer, yo desde mi mirada de Mamá no le veo nada malo, es más creo que les estimula más la imaginación, son capaces de crearse un mundo paralelo al que estamos viviendo y desarrollan más su creatividad, lo veo como un acto inocente y sin maldad, pero no sé si estaré en lo correcto, mi hijo no me habla todos los días de sus amigos, si  de vez en cuando, y lo hace tan convencido que hasta me los señala.

viernes, 28 de enero de 2011

No más pañal


Agustín dejo los pañales a los dos años y un mes, tarea que costo, pero que logramos con la gran ayuda de su jardín y de mi mamá, esta parte del proceso de crecimiento no es del todo agradable, por lo menos para mi, es lo que menos me ha gustado de ser Mamá, tener que cambiarlo tantas veces, limpiar y ver las alfombras manchadas no fue del todo lindo, hubo días en que perdí la paciencia, lo reconozco y muchas veces le llamé la atención diciéndole “pucha Agustín, tienes que avisar” y el sólo se reía, hasta que controlo muy bien y nunca más uso pañal durante el día salvo el de la siesta y el de la noche.

Cuando llegaron los días de verano mi mamá se ocupo de eliminar el pañal de la siesta mientras yo trabajaba, y para mi total agrado eso ya es etapa superada, aunque siempre hay excepciones y no ha faltado el día en que se ha hecho. El de la noche nos ha costado más y en honor a la verdad es que no hemos sido constantes en quitárselo más que nada por flojera, el sólo hecho de tener que levantarse a media noche a observarlo y cambiarlo, no nos agradaba mucho.

Este fin de semana nos quedamos sin pañal, mi marido me dijo “ya voy ahora a comprar”, a lo cual le respondí “mira son las 22:30 hrs. está todo cerrado y es nuestra oportunidad para intentar quitarle el pañal, idea que por supuesto a él no le agrado y en realidad a mi tampoco pero debía intentarlo y me arme de paciencia y comencé con el plan de la eliminación total del pañal. Ese día me levanté 4 veces, lo lleve al baño y paso la prueba, no así la segunda noche que se hizo dos veces, pero como dicen por ahí es parte del proceso, así han pasado los días con éxitos y fracasos, pero ya no hay vuelta atrás, Agustín no usara más pañal eso está decidido, aunque me canse lo seguiré intentando hasta que tenga total control de su esfínter, por lo menos ahora el Papá me está colaborando y nos turnamos para llevarlo al baño.

Nota: Para esta tarea nos compramos unas sabanillas llamadas Cotolin (una especia de pañal gigante) muy útiles la verdad, que encontramos en el supermercado Jumbo, así cuidamos nuestros colchones y nos evitamos tener que darnos la lata de cambiar las sabanas si es que se mojan.